12-01-2008

Fin...



Cada quien vive su realidad... el embrión mismo dentro de la crisálida de seda, yace indefenso ante la adversidad que sólo él comparte, al no poder salir porque aún no es tiempo... Todas las cosas tienen su tiempo, ya sean horas, días, años, o quizás una vida entera, pero lo único que sabemos es que van a terminar, siendo en la felicidad o en la desgracia, todo dependiendo de cómo han ido transcurriendo en la vida. Sombras vienen y van para enceguecer tu camino, como también rayos de sol que a veces vienen e iluminan tu día para hacer el diario vivir más agradable, para establecer equilbrios de sentimientos y emociones entre todos los que vivimos; nada es más para uno que para el otro; es solamente viendo de qué punto de vista se toma, la fluidez de las cosas que pasan, los momentos de alegría, pena e incluso, indiferencia.

Uno cuando ve que las cosas llegan a su final, más que intentar recobrar esa “vida” y alejar su fin, sabe que sí o sí tiene que dejarla pasar. No por no querer, ni por tenerlo como algo en vano, es por el hecho de que todo merece tener su descanso eterno, su estadía en la nada, para compensar todo fragmento de vida que tuvo, sin importar que haya durado segundos, o largos años, para dejar espacio a las nuevas cosas que vienen. Vienen cielos enlutecidos, aires de tristeza por lo que se nos va; está bien, todo lo que nos gusta nos apena cuando se nos va, porque no queremos que se vaya y nos deje sin ese vacío que siempre dejó completo, pero hay que tener en cuenta que cuando la oruga, después de haber estado su debido tiempo en la crisálida, tiene que salir, porque tiene que emprender su vuelo, su primer vuelo. Cuando ves a la mariposa que recién salió, ves que ha cambiado demasiado desde cuando entró a su cuna; ahora tiene alas, indicando que se tiene que marchar.

He tomado mucho en cuenta unas palabras que alguien dijo hace pocas semanas, que cuando a una rama de un árbol se le cae una hoja, jamás va a volver la misma, nunca más volverá a crecer en el mismo lugar, pero nacerá una alrededor de ella, quizás no siendo lo misma, pero sí en cumplir su papel en la vida. Cuando se nos va algo o alguien, hablando más que de muerte, o despedidas de largos años, es por todo; fines de cosas bellas, las metas que uno alcanzó después de haberse preparado mucho, todas esas cosas. Todas esas cosas que a las cuales les decímos un adiós eterno, las guardamos y atesoramos en nuestras mentes y corazones para tener una parte viva de aquello, en los recuerdos.

Todo cambia, lo que ves de cierta forma, cambia mucho al paso del tiempo. Se deteriora, quieras o no, porque de a poco todo va agonizando, hasta decir adiós. Ya no será lo mismo, incluso para tus ojos, porque todo lo que ves, es lo que aprendes y lo adaptas a tu vida, cambiando un poco la realidad de aquello que viste nacer. Tu mirada a las cosas agonizan, porque también nosotros hacemos envejecer y alejamos lo que tenemos; el tiempo nos hace alejar, para descubrir nuevas cosas, impidiendo estar con lo mismo toda la vida, porque todo cuando tiene su final, el tiempo le da alas, para volar y marchar.

Es triste saber que la única pista que la vida te da para saber el fin de algo es la agonía, pero no hay nada que temer cuando en ella encuentras una sonrisa.

Bastaría sólo una sonrisa, para iluminar el mundo entero.